Una de las películas más tiernas que he visto en muchos años es Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008) del gran maestro de universos fantásticos Hayao Miyazaki. El nombre del creador debería sonarnos por el éxito que supuso El viaje de Chihiro del 2001: una fantástica aventura épica en busca del sentido de la vida y de la donación al otro. Una joya de la animación universal. Un paso de la inocencia a la madurez. Una muestra de lo grande que puede ser el cine. Una demostración de que hay valores universales que llegan a traspasar fronteras culturales.
El sábado saldrá en el blog las mejores críticas de las películas que veáis. Tuitea con #tucritica
— Filling the gaps (@FTGaps) 6 de febrero de 2013
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CASO: Ponyo en el acantilado. Metamorfosis en animación
Una de las películas más tiernas que he visto en muchos años es Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008) del gran maestro de universos fantásticos Hayao Miyazaki. El nombre del creador debería sonarnos por el éxito que supuso El viaje de Chihiro del 2001: una fantástica aventura épica en busca del sentido de la vida y de la donación al otro. Una joya de la animación universal. Un paso de la inocencia a la madurez. Una muestra de lo grande que puede ser el cine. Una demostración de que hay valores universales que llegan a traspasar fronteras culturales.
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