El sábado saldrá en el blog las mejores críticas de las películas que veáis. Tuitea con #tucritica
— Filling the gaps (@FTGaps) 6 de febrero de 2013
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CASO: Señora Violencia, deme usted sus razones
La primera vez que ví Pulp Fiction (1994) de Quentin Tarantino tardé una semana en terminarla. No porque no me gustase o me aburriese sino porque no tenía las dos horas y pico necesarias para verla. Hace unos días tuve la ocasión de volver a ver por segunda vez (y de un tirón) la primera película de Tarantino.
Si en el caso de Pulp fiction la violencia del film llegaba a tener algún sentido por su tono grotesco, en Reservoir dogs (1992) la violencia carece de sentido. Es gratuita; un despliegue de sangre y crudeza para el disfrute. La violencia como protagonista. Un paréntesis: en la fotografía de la película priman los colores blanco (el edificio) y negro (los personajes), y rojo para que resalte la sangre. Fin del paréntesis. Violencia para el disfrute, una violencia estética. ¿Pero realmente todo debe ser sujeto de representación en el cine? O más bien, ¿Si se elige representar un tema en el cine se debe tener algún tipo de ética o respeto?, ¿o todo vale ya que estamos trabajando en el campo de la ficción? Hay quien escusa a Tarantino de su estilo grotesco, insultante y degradante (no todo es así en su cine porque la forma de enfocar la maternidad en Kill Bill es fantástica) porque es Tarantino que tiene un estilo tarantaniano. En fin, que dicen que Tarantino es un artista y que por ello está por encima del bien y del mal.
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