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Del 1 al 7. Cine para este mes de agosto. Primera parte



1. Million Dollar
Baby
Hay algunas películas que quieren marcar época. Million Dollar Baby (2004) tiene grandes motivos para serlo. Ya sea por su temática (las esperanzas rotas de la vida de una mujer y la eutanasia) o por su estilo lo que consiguió Clint Eastwood es una obra maestra. Aunque sería demasiado injusto que solo él reciba todos los aplausos: los actores bordan sus papeles, el guión de Paul Haggis es el eje sobre el que gira y se sostiene todo el mecanismo de la historia de la boxeadora Maggie y la fotografía de Tom Stern asienta la película en lo más profundo de la ambigüedad del cine negro con su paleta de claroscuros. Una obra maestra de Clint Eastwood que se vió compensada en Gran Torino.

CASO #33 La mirada de una búsqueda. París, Texas de Wim Wenders

Uno de los grandes logros del cine ha sido y es mostrar la realidad de una manera única. Hay cineastas implicados en que cada película suya sea una mirada personal sobre lo que es la vida a través de historias y otros que cuentan historias que podrían haberse escrito en un libro (por lo que no han aprovechado el lenguaje cinematográfico). A veces nos olvidamos de que el cine es algo más que contar historias o vivir aventuras. ¿Quien no recuerda la niebla que envuelve al protagonista de La vida es bella cuando se topa con una pila de cadáveres o la escena de El árbol de la vida cuando los padres reciben la noticia de la muerte de su hijo? Es cierto que ambas escenas forman parte de una historia, pero el contarlas a través de imágenes, sin ruido de palabras, el resultado es realmente diferente a plasmarlo en palabras. Cada herramienta tiene su utilidad,cada lenguaje tiene sus reglas. Se puede hacer una adaptación fideligna de un libro al cine y ser original y sorprender al espectador con nuevas situaciones más cinemátográficas.

Wim Wenders es un cineasta alemán que deja plasmada su delicada mirada en cada plano de sus películas, ya sea contándonos cómo es el día a día de los ángeles custodios en el Berlín de posguerra o usando el 3D como homenaje a la danza de Pina Bausch. No me cabe duda de que el mejor cine tiene que ser una obra personal aunque se cuenten historias que nada tengan de autobiográfico. Sin embargo, en este cine cada película es el resultado de una respuesta a los interrogantes personales del autor. Incluso en el cine más industrial es imposible hacer películas en serie. Cada proyecto requiere de un guión único con unos personajes únicos (más o menos perfilados o estereotipados) e interpretados por unos actores que encarnan esos personajes. Wenders hizo también una película titulada París, Texas (Alemania, Francia, Reino Unido (ya sabéis, una coproducción europea), 1984) en donde el misterio y los interrogantes sobre la vida de una persona están retratados en Travis: un hombre que busca la razón de su vida, por qué volver con su familia, por qué recuperar a su hijo y a su mujer después de vagar por el desierto en la frontera entre México y EE.UU.

De gustos hay mucho escrito en los videoclips

El polaco Rybczynski y el estadounidense Spike Jonze
Ya pasó con Had a bad day. Un videoclip puede ser una oportunidad fantástica para entender el lenguaje cinematográfico. Me voy a fijar en dos videoclips que entienden cada uno el cine de una manera antagónica. El arte de sus directores está en contar historias de una manera, visualmente, totalmente diferente: Rybczynski (Imagine de John Lennon, 1987) y Spike Jonze (California de Wax, 1995).

Imagine es una vuelta al pasado por muy moderno que parezca y California es un homenaje a la sintaxis del cine clásico. Me explico porque volver al pasado y clásico puede parecer lo mismo. Mucho más si vemos que lo que hace Rybczynski en Imagine parece mucho más moderno: marcar el crecimiento de una persona desde pequeña hasta mayor a través de diferentes cuadros. Wax por el contrario es un plano secuencia en el que la cámara acompaña a cámara lenta la estela de fuego de un hombre hasta tomar el autobús.

CASO #23 Super 8. Nostalgia y homenaje de un cine que se ¿extingue?


Super 8 (J.J. Abrams, 2011) es una película de otro tiempo. Una mirada nostálgica y por lo tanto extraña hasta cierto punto del cine actual. Así mismo, al otro lado de la moneda, una nueva oportunidad de recuperar lo perdido.

Abrams toma prestada la personalidad y el caché de Steven Spielberg en Super 8. Se reviste del cine de Spielberg para hacer un homenaje en toda regla de las películas que marcaron a una genración de hace ya varias década. En casi cada uno de los planos se encuentran reminiscencias de las aventuras que dieron vida Tiburón (Steven Spielberg, 1975) Encuentros en la tercera fase (Ibid, 1977), E.T (Ibid, 1982), Los Goonies (Richard Donner, 1985 y producida por Spielberg) o Parque Jurásico (Spielberg, 1993). Cito estas cinco películas que las he visto pero sobre todo la película está construida con los temas del Spielberg más conocido: la infancia, las pandillas de verano, la amistad, el bien y el mal encarnados en buenos buenísimos y malos malísimos.
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