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CASO: Las fresas de Bergman. La melancolía

Fresas salvajes (Igmar Bergman, 1957) es una road movie como Andrei Rublev. Un hombre atormentado por su pasado. Por la indiferencia con que él ha tratado a la gente. En un viaje a la universidad de Lund tendrá lugar una serie de paradas en la que se le irán sumando diferentes compañeros: su nuera, una pandilla de italianos y un matrimonio roto. Sin embargo, la fuerza del film está en los sueños que tendrá Isak (protagonista de esta historia), que se plantean como viajes a su pasado. Son recuerdos nostálgicos que le enfrentarán a su vida. Un espejo del que no se podrá escapar. Sin embargo, la respuesta a todas sus dudas y a su malestar interior lo encontrará en sus compañeros de viaje que no dudarán en decirle la verdad de su vida. En fín, un viaje que reconstruirá su vida.


Antes de verla la primera motivación era conocer algo de Bergman. Cuando empecé a ver la película me quedé asombrado. A los diez minutos una escena singular. Propia del expresionismo alemán. La filmación de un sueño de gran elocuencia y dinamismo. Podría considerarse un prólogo. La escena fuera del conjunto de la película no sería más que una reliquia pero integrada en una bella historia se convierte en un magnífico resumen y anticipación de todo lo que va a ocurrir.


La película tiene otro punto fuerte: las interpretaciones. Victor Sjöström da vida (o lo que le queda de ella) a un anciano Isak Borg. "Un viejo egoista que se salva por sus modales, pero que en el fondo no engañan a nadie". Así le describe la mujer de su hijo. En su personaje abundan los silencios, los primeros planos ante los que aguanta sin inmutarse, transmitiendo con su mirada su estado interior como pocos saben hacerlo. Su mujer, en uno de los sueños-recuerdos, lo describirá hacia el final de esta manera: "Aún sabiendo tantas cosas no sabes nada de la vida".

Bergman siempre fue un gran pensador y en cada una de sus películas dejaba el rastro de su pensamiento. Bergman buscaba sin cesar en sus películas el sentido de la vida. Por ello, no es de extrañar que aparezcan temas tan recurrentes como la importancia de la infancia, el matrimonio, las envidias o la existencia de Dios. En una discusión entre dos de los compañeros, Isak les responde con un poema expléndido:

¿Dónde está el amigo que buscas por todas partes?
Al hacerse de día, mi ansia también crece.
Cuando se acaba el día aún no le he encontrado
Aunque el corazón me queme, veo sus huellas en toda la fuerza que se revela
En el aroma de una flor y en una espina que se inclina
En el suspiro que exhalo, en el aire que respiro está el amor
Oigo su voz en la brisa de verano

CASO: Andrei Rublev. Las road movies: viajes sin hacer turismo

Es común ver en el cine road movies. Porque la vida es un viaje y el cine es contar historias (casi siempre) con metáforas, que mejor manera que tratar de recorrer la vida de una persona a través de un viaje. Me gustaría poner de ejemplo, para demostrar que este tipo de cine es universal, dos películas totalmente diferentes en cuanto a estilo, tiempo y lugar. Fresas salvajes (1957) de Igmar Bergman y Andrei Rublev (1967) de Tarkovsky.

Entre estas dos películas tuvo lugar la gran Ola que removió todo el cine, primero el europeo, hasta influir en el resto del mundo. Estas olas trajeron una nueva manera de hacer cine. Nueva y diferente, eso sí, en cada país, según sus propias caracteristicas. Aspecto que todavía no ha cambiado en Europa, que es nuestro caso, ya que existe un amor maternal y protector de los cineastas y gobiernos por el cine de su país. Esta es la razón por la que tengan tan poca relevancia las películas de un país en otro vecino. Queremos unirnos pero sin revolvernos. La única solución: las coproducciones entre varios países que enriquecen culturalmente las películas y tienen muchas más posibilidades de triunfar en taquilla. Porque no hay que olvidar, y a más de uno hay que recordar, que el cine está hecho para ser visto y que el arte no tiene por vocación ser minoritario.
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